Libros y ostentación

LIBROS Y OSTENTACIÓN. Matilde Bello

La gran profusión de entrevistas vía Skype que hemos visto en televisión durante el confinamiento me hizo reparar en que muchos de los invitados utilizaban como recurso decorativo sus propias bibliotecas domésticas. Este hecho me ha llevado a preguntarme si las librerías que tenemos en casa representan cierta ostentación cultural.

POR MATILDE BELLO / ENVOZBAJA

Fotos: Pixabay y Matilde Bello

Los libros son compañeros de vida. Los hay que se enganchan a nosotros con su luz y que repasamos y hojeamos de forma recurrente porque, en su infinita generosidad, siempre tienen algo nuevo que ofrecer. Otros pasan desapercibidos como esos pajarillos que cuando vas a mirar su vuelo, ya no están.

Me parece importante hacer esta introducción para argumentar mi concepto de biblioteca doméstica, que no es otra cosa que esas estanterías donde vamos atesorando los libros que leemos. Así de fácil. Con el orden, distribución y catalogación que cada uno quiera dar.

Me ha sorprendido muchísimo, durante esta cuarentena, la cantidad de invitados que en sus conexiones vía Skype para la televisión se ponía delante de sus librerías privadas. En algunos casos verdaderas bibliotecas de tamaños que excedían el encuadre de la cámara, con volúmenes variopintos que a veces dejaban entrever sus títulos desde sus lomos.

Que no se me malinterprete, entiendo que es un buen recurso para aparecer en la tele, pero siempre acababa haciéndome la misma pregunta: ¿Se habrán leído todos esos ejemplares? Y tengo que reconocer mi escepticismo al respecto, aunque esto lleve cierta carga de prejuicio.

Los libros proyectan, o pretendemos que proyecten, una idea sobre nosotros mismos

Suele decirse que “si quieres conocer a una persona mira su biblioteca”. Sin embargo esto responde más a la imagen que esa persona quiere dar de sí misma; si en verdad queremos conocerla es más preciso preguntarnos qué ha leído de esa biblioteca. Es decir, las librerías privadas son una forma de ostentación de un pretendido conocimiento que, dicho así, suena muy superficial. Como quien va a la última en modelos de smarphones para entrar en esa categoría de gurús tecnológicos.

Biblioteca llena de libros

Es cierto que muchos de nosotros podemos incluir en nuestros estantes ejemplares heredados, o regalados, que aún no hemos leído, pero si la intención es que sigan mostrando sus títulos sin ninguna posibilidad de acabar bajo el escrutinio de unos ojos, hacemos un flaco favor a la literatura. Al libro no le gusta presumir de tapas por puro postureo. No es un fetiche. Es algo vivo que necesita ser manoseado, repasado y olfateado. Le gusta desgastarse por el uso, no amarillear de inanición.

Durante el confinamiento aproveché para poner orden en mi biblioteca.

Y sí, de pronto descubrí que tenía ejemplares sin leer que había olvidado que estaban allí “plantados” porque me había hecho la promesa de atenderlos en algún momento. Uno de ellos era Cien años de soledad de García Márquez (sí, sí, acepto reprimendas y todos los correctivos que queráis ponerme). Me lo regalaron hace muchos años, lo empecé. No sé por qué, se me atascaba.

En esta ocasión volví a intentarlo y ha sido una delicia. Hasta tal punto que algunos párrafos me los leía una y otra vez para poder digerir su belleza. Por eso decía antes que los libros, la buena literatura, siempre tienen cosas que regalarnos.

En esta ocasión he puesto un orden de preferencia en la biblioteca en sustitución del alfabético de antes. Estantes superiores los favoritos, estantes inferiores el resto, de modo que en las de abajo están, en teoría, los que menos me gustan. Y lo he hecho por una sencilla razón, descubrir si dentro de unos años mantendré el mismo criterio o si, libros que ahora han quedado relegados, ascenderán de categoría. Me resulta curioso e incluso divertido.

Te animo a que revises tu propio fondo bibliotecario, a que saques libros que duermen reposo desde hace años para que hojees sus historias. Pregúntate qué es lo primero que te inspira, cómo viviste su lectura, qué recuerdos te trae…

LIBROS Y OSTENTACIÓN. Matilde Bello

Con este sencillo juego he rescatado dos libros para releer: Melocotones helados (1999) de Espido Freire y El viajero del siglo (2009) del argentino Andrés Neuman que recuerdo que me impactó muchísimo en su momento y tengo curiosidad por descubrir si sigue siendo así. Ya os contaré.

Acabado el análisis, me pregunto si algunos consideraréis que esta crítica va con cierta carga ostentosa en su argumentación. Espero que no.

Nos vemos pronto

Autora de la entrada

MATILDE BELLO OROZCO

Periodista / Escritora / Comunicadora

Matilde Bello. Colaboradora habitual de la web y autora de esta entrada dedicada a la escucha activa
Pequeño resumen biográfico

He trabajado varios años en distintas emisoras de radio, Cadena Cien – Cope la más conocida, y tengo una larga trayectoria como periodista de diversos soportes: revistas, plataformas digitales e incluso alguna productora de TV.

Después de un terremoto vital que puso mi vida patas arriba decidí atender la vocación de escritora por la que, entre otras cosas, decidí estudiar periodismo.

En octubre de 2019 creé mi marca personal www.matildebello.com desde donde doy rienda suelta a mi creatividad. Allí encontrarás, además del blog, mi historia y los servicios que ofrezco de Redacción, locución y dos charlas en el ámbito de la comunicación que me han ayudado a “reconstruirme”.

Soy consciente de la importancia de las Redes Sociales, por ello me encontrarás en Facebook y en Twitter pero me alegraré más si las utilizas para proponerme un café.

¡Nos vemos pronto!

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David Rubio Sánchez

¿Y qué son en definitiva las redes sociales? Es el mundo de la apariencia y el postureo de ese aparentar lo que no se es o de mostrar solo la cara A de nuestra vida. Cuando te presentas como escritor parece que tienes que hacerlo con todo el boato de una biblioteca tras de ti a fin de mostrar lo muy cultamente culto que uno es. La biblioteca es un tesoro individual, es el recuerdo de tu paso por esta vida, son las lecturas de tu vida y la vida no deja de ser la suma de las historias que… Leer más »

Maschu

Hola, estoy de acuerdo contigo en que muchas bibliotecas privadas es ostentación, hace poco vi un vídeo de alguien enseñando sus estanterías, vídeos muy solicitados en booktube, y de los cientos de libros que enseñó apenas había leído un puñado. No sé si esto es criticar, incentivar el consumo absurdo o aparentar ser cool, pero yo lo veo absurdo y ojo, que yo tengo en casa libros sin leer, todos los lectores los tenemos, pero llegar a la cifra de cientos de libros en casa sin leer… no le encuentro mucho sentido.
Saludos

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