¿En qué versión estás?

Imagen de artículo Matilde Bello. Zona confort

De tan manidas y extendidas que están algunas expresiones que utilizamos para reforzar nuestra confianza, tipo “sal de tu zona de confort” o “muestra tu mejor versión”, a veces quedan desprovistas de contenido. Juguemos con la sinceridad más que con estereotipos.

POR MATILDE BELLO / ENVOZBAJA

Fotos: Pixabay, Lugue y Linn y Capitana Podcast

Sin ánimo de usurpar territorios que pertenecen al ámbito de la psicología, sí que me gustaría en este Post reflexionar sobre algunos conceptos repetidos últimamente hasta la saciedad por muchos coaching y presuntos gurús del éxito personal y profesional. No pretendo dudar de la intencionalidad de estos mensajes, que creo que es buena, sino de lo taxativo de los mismos, pues hacen categóricas unas fórmulas que parecen olvidar la exclusividad, el carácter genuino de cada ser humano. Y me explico.

Tu mejor versión

Esas recomendaciones conceptuales: “cómo mostrar tu mejor versión” o “cómo salir de tu zona de confort”, a veces, lo siento, me chirrían un poco. Si colocas la primera expresión en Google aparecen más de dos mil millones de resultados. Con la segunda más de diez millones. ¡Wow, qué fiestón! Tenemos recetas magistrales, trucos y hasta hechizos para lograr superarnos cada día y ser súper chachis. Ahora dime ¿Cuándo te levantas de la cama dices, “hoy voy a proyectar mi versión Beta”?

Supongo que tú, como yo, siempre quieres dar lo mejor de ti como persona: tratas de ser el mejor trabajador posible, el mejor compañero, la mejor pareja, el mejor amigo, padre, madre, hijo…. Pero, qué ser humano es capaz de mantener siempre ese “estado de excelencia”. A mi juicio no podemos ser tan implacables con nosotros mismos. Los días de bajón, la tristeza, la alegría, la euforia son inherentes a nuestro ADN. Cuando estamos deprimidos o pasando un mal rato no podemos “obligarnos” a transitar a una versión desconectada de nuestras emociones.

Los psicólogos tienen más pericia en esto pero banalizar nuestras emociones, ocultarlas tras estados impostados de una vitalidad que no sentimos no creo que ayude, precisamente, a recuperar con sinceridad una versión que repercuta en nuestro propio beneficio.

Soy una de esas personas que en un momento dado de su vida apagó su interruptor vital. Me dejé arrastrar por la penumbra para renacer y “dar al ON de nuevo” con esa idea de ser dueña de mi vida. Lo explico sencillamente para dar credibilidad a mis argumentos.

Lo importante, a mi juicio, es gestionar cada momento de tu vida sin engañarte a ti mismo. Si hoy no eres capaz de sonreír porque el mundo te pesa, tal vez no debas sonreír. Tal vez debas tomarte un café con alguien que te ayude a aligerar el peso y te acompañe hasta que veas que vale la pena seguir.

Más hablar con nosotros mismos, sincerarnos frente al espejo, y pedir ayuda si es necesario (pero ayuda de verdad, no recetas en Google). Porque, y esto lo digo con conocimiento de causa, la gran mayoría de las respuestas a muchas de nuestras preguntas las tenemos en nuestras manos.

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Cómo salir de tu zona de confort

Repito que ambas expresiones llevan una intencionalidad positiva que no cuestiono. No quiero que se me malinterprete. Pero insisto en dudar de las recetas mágicas como si fueran una pastillita que te tomas para dormir.

Reconozco que los humanos tenemos esa tendencia a adaptarnos al entorno de tal forma que al final parecemos parte del paisaje. Forma parte de nuestra naturaleza, pero también de los códigos culturales que nos han enseñado desde pequeños. Hemos aprendido que los sueños son “inalcanzables”, por definición, y directamente renunciamos a ellos. Hemos aprendido que un trabajo estable es lo bueno y dejamos de preguntarnos si nos gusta. Desoyendo la voz que grita en nuestro interior para intentar otras cosas.

Dicho lo cual, la motivación que impulsa a alguien a salir de esa “zona de confort” no es algo fácil de conseguir, y por supuesto no todo el mundo la desea y/o logra, y aquí está el análisis que critico en la fórmula. Algunos, sencillamente, no quieren, porque no quieren. Porque prefieren la estabilidad al asalto a la incertidumbre, porque se sienten felices en ese territorio inmóvil, sin sobresaltos, tal vez gris, sí, pero también equilibrado y seguro. Personalmente prefiero la expresión “amplía tu zona de confort” es menos agresiva y tiene un fondo más positivo que la otra, que parece dar a entender a la gente que está viviendo mal.

En mi caso debo admitir que llevaba mucho tiempo deseando salir o ampliar mi zona de confort, pero no hacía nada para lograrlo. Tuvo que llegar el destino con su mano de hierro y darme un buen meneo para motivarme con tanta fuerza que entonces ya nada ni nadie pudo pararme.

Pero señores, señoras, con todos los respetos, no siempre tienes una revelación, o una motivación suficiente. Y es completamente legítimo que una persona decida por convicción quedarse en su zona de confort sin que los demás tengamos que cuestionarlo. Sin que tenga que ser necesariamente negativo ni obligatoriamente criticable. Sería razonable despojar de tanta connotación peyorativa la expresión “zona de confort”: Que allí no creces, que si no te arriesgas no vives…. ¿En serio? ¿De verdad creemos que la misma fórmula funciona igual para todo el mundo; que somos tan idénticamente predecibles como para aseverar que lo que a nosotros nos ha proporcionado éxito, o felicidad, o superación personal, va a tener el mismo resultado en los demás? Dejadme que lo dude a tenor de la infinita y genuina diversidad de la condición humana.

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Los que por una razón u otra hemos salido o ampliado esa zona de confort nos sentimos tan satisfechos y agradecidos que queremos preconizarlo por el mundo como la panacea del éxito, como el elixir de la eterna juventud. Pero ojo con ese entusiasmo que a veces nos lleva a tratar a la gente como a niños. Respetemos las decisiones ajenas sin desdeñarlas. Contemos nuestras historias por cómo nos han transformado a nosotros, no con la pretenciosa finalidad de querer transformar a los demás.

Autora de la entrada

MATILDE BELLO OROZCO

Periodista / Escritora / Comunicadora

Matilde Bello
Pequeño resumen biográfico

He trabajado varios años en distintas emisoras de radio, Cadena Cien – Cope la más conocida, y tengo una larga trayectoria como periodista de diversos soportes: revistas, plataformas digitales e incluso alguna productora de TV.

Después de un terremoto vital que puso mi vida patas arriba decidí atender la vocación de escritora por la que, entre otras cosas, decidí estudiar periodismo.

En octubre de 2019 creé mi marca personal www.matildebello.com desde donde doy rienda suelta a mi creatividad. Allí encontrarás, además del blog, mi historia y los servicios que ofrezco de Redacción, locución y dos charlas en el ámbito de la comunicación que me han ayudado a “reconstruirme”.

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